En sus fiestas, Madrid y Catalunya están más cerca de lo que pueda parecer.
Ayer, 2 de mayo, fue la de la Comunidad de Madrid. Se conmemora el levantamiento popular de 1808 contra la invasión francesa. Fue una lucha desigual entre los mamelucos de las tropas de Murat y los ciudadanos madrileños, armados con cuchillos, palos y poco más. Lo retrató Goya en 'La carga de los mamelucos':
Al día siguiente, llegó la represión. Las ejecuciones sumarísimas quedaron plasmadas en otro cuadro de Goya, 'Los fusilamientos del 3 de mayo':
La fiesta de Catalunya, la Diada Nacional, se celebra el 11 de septiembre. Se conmemora la caída de Barcelona en manos de las tropas borbónicas bajo el mando del Duque de Berwick durante la Guerra de Sucesión Española. Ocurrió en 1714, tras catorce meses de sitio. También se recuerda la consiguiente abolición de las instituciones catalanas tras la promulgación del Decretode Nueva Planta. O sea, lo peor. Además de cornudos, apaleados.
Nuestro héroe es Rafael Casanova, conseller en cap (alcalde) de Barcelona por aquel entonces. Cada Diada los partidos políticos llevan flores a su estatua:
O sea, que tanto Madrid como Catalunya dedicamos nuestra fiesta a conmemorar una derrota. Hay que ver.
Bonus Track: En la plaza del Dos de Mayo, en pleno barrio de Malasaña, estaba el viejo cuartel de artillería de Monteleón donde murieron los capitanes Daoiz y Velarde (dos calles que dan a la plaza les recuerdan). En el centro hay una réplica de la antigua entrada al cuartel y una estatua de los dos héroes, que perecieron defendiendo el fortín.
El barrio de Malasaña se llama así en honor de Manuela Malasaña, una modistilla de 15 años que participó en la revuelta. La encarcelaron y la ejecutaron por llevar encima un arma, que no era otra cosa que unas tijeras.